Hamunaptra, la Ciudad Perdida

La palabra se hizo popular desde la película “La Momia”, sin duda se refiere a la ciudad de los muertos. Pero no a los cementerios de momias que estaban en las proximidades de los grandes núcleos de población egipcia, sino al lugar donde iban sus almas. Un extraño lugar que la trascripción de los antiguos papiros parece dar a entender que era algo físico y espiritual a la vez, ya que los muertos esperaban (en realidad temían) que se les obligara a trabajar en tareas análogas a las realizadas en vida o, según parece, incluso peores. Para evitarlo recurrían a la magia, cualquier egipcio se enterraba con pequeñas figuritas que en el otro mundo serían sus servidores. Ese lugar se describía como “la tierra que está al oeste”, y el oeste era el desierto, más allá del Nilo protector. Con lo que conocemos actualmente de su religión y magia (que para los egipcios era lo mismo), sobre todo sus ritos de magia simpática y enlace, no sería de extrañar, es más, parece lógico, que existiera una ciudad en pleno desierto que sirviera de unión entre vivos y muertos a la vez que custodia de los más secretos ritos de resurrección. Algunos escritos así parecen indicarlo o al menos despenderse ese sentido. Las leyendas transmitidas de generación en generación, que aún circulan entre los beduinos y en particular entre los saqueadores de tumbas, hablan de una ciudad bajo las arenas, llena de fabulosos tesoros y secretos. Quizá sólo sea una leyenda. En la historia real, una ciudad llamada Hamunaptra (Ciudad del Hombre Muerto) se encontró en la India en la década de 1850 cuando los ingenieros británicos, tratando de construir un ferrocarril, saquearon la zona de los ladrillos. En la década de 1920, los arqueólogos comenzaron las excavaciones en serio. Ellos encontraron en el lugar de una civilización perdida que ocupan una superficie mayor que la de Pakistán. Era una sociedad compleja, leer y escribir, urbanizado, situado en el centro. Las materias primas ubicadas en la zona indicaron que la civilización había comercio a larga distancia con Mesopotamia. La civilización de composición entre 1900 y 1700 antes de Cristo, que los arqueólogos acreditar a un nuevo grupo de invasores a caballo. Sin embargo, no hay evidencia para probar cualquier hipótesis de por qué la civilización podría haberse extinguido.

Hastināpura

Hastināpura era una legendaria capital que tuvo un importante papel en el texto épico Majábharata. Estaba situada a unos 92 km al noreste de la moderna Delhi, a orillas de un antiguo cauce del río Ganges. Era la capital de los reyes de la dinastía lunar (tal como Aiodhiā era la capital de la dinastía solar).
Otros nombres de esta célebre ciudad —según los shastras (textos sagrados) de los hinduistas y los yainistas— son:

Asandivat o Āsandavat (‘como Āsanda’, que es otro nombre de Vishnú)
Brahma Sthala (lugar del Brahman)
Kuñshara Pura o Kuñjarapur (‘ciudad de los elefantes’)
Gashpur o Gajpur (‘ciudad de los elefantes’)
Gayá Ájuaia (‘llamada así por los elefantes’; así se les llamaba a los habitantes de la ciudad)
Jástinapur o Hastinapur
Jástina (‘que pertenece a los elefantes’)
Naga Ájua (‘llamada así por los elefantes’)
Nágasa Ájuaia (‘llamada así por los elefantes’)
Nagpur (‘ciudad de los elefantes’)
Menos correctamente Jastinapura o Jastiní.


La Atlántida, una Civilización Nunca Encontrada

Atlántida (en griego antiguo Ατλαντίς νησος, Atlantis nesos, ‘isla de Atlantis’ ) es el nombre de una isla legendaria desaparecida en el mar, mencionada y descrita por primera vez en los diálogos Timeo y el Critias, textos del filósofo griego Platón.

La precisa descripción de los textos de Platón y el hecho que en ellos se afirme reiteradamente que se trata de una historia verdadera, ha llevado a que, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, durante el Romanticismo, se propongan numerosas teorías sobre su ubicación. En la actualidad se piensa que el relato de la Atlántida, según la interpretación literal de las traducciones ortodoxas de los textos de Platón, presenta anacronismos y datos imposibles. Una opinión muy extendida es que la Atlántida descrita por Platón nunca existió, y que sólo es un mero vehículo literario o un mito inventado por él. Por otro lado, como ya se ha dicho, Platón describió el relato como historia verdadera y no como mito. Se ha apuntado que la leyenda pueda haber sido inspirada en un lejano fondo de realidad histórica, vinculado a alguna catástrofe natural pretérita como pudiera ser un diluvio, una gran inundación o un terremoto.

El Relato de Platón

Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en el Timeo y el Critias, textos en diálogos del filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que este, a su vez, supo de Solón, el venerado legislador ateniense, a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta del Nilo. La historia, que Critias narra como verdadera, se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Heracles y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación.

En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. Relato que se interrumpe abruptamente, quedando inconclusa la historia.

Los textos de Platón sitúan la Atlántida frente a las Columnas de Heracles (lugar tradicionalmente entendido como el estrecho de Gibraltar) y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas. Se señala su geografía como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.

Según el Critias, Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito y para protegerla, o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada. La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico. Un segundo hijo se llamaba Eumelo en griego, siendo su nombre original Gadiro, Gadeiron o Gadeirus, y gobernaba el extremo de la isla que se extiende desde las Columnas de Heracles hasta la región que, posiblemente por derivación de su nombre, se denominaba Gadírica, Gadeirikês o Gadeira en tiempos de Platón.

Favorecida por Poseidón, la tierra insular de Atlántida era abundante en recursos. Había toda clase de minerales, destacando el oricalco, traducible como cobre de montaña, más valioso que el oro para los atlantes y con usos religiosos (actualmente se piensa que debía ser una aleación natural del cobre); grandes bosques que proporcionaban ilimitada madera; numerosos animales, domésticos y salvajes, especialmente elefantes; copiosos y variados alimentos provenientes de la tierra. Tal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron, sobre la montaña rodeada de círculos de agua, una espléndida acrópolis plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón. Construyeron un gran canal, de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudadela. Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron, alrededor de la llanura oblonga, una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos, que irrigaron todo el territorio de la planicie.

Los reinos de la Atlántida formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón. Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas. Alternadamente, cada cinco y seis años, los reyes se reunían para tomar acuerdos y para juzgar y sancionar a quienes de entre ellos habían incumplido las normas que los vinculaban.

La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes. Según el Timeo, comenzaron una política de expansión que los llevó a controlar los pueblos de Libia (entendida tradicionalmente como el norte de África) hasta Egipto y de Europa, hasta Tirrenia (entendida tradicionalmente como Italia). Cuando trataron de someter a Grecia y Egipto, fueron derrotados por los atenienses.

El Critias señala que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero el relato se interrumpe en el momento en que Zeus y los demás dioses se reúnen para determinar la sanción. Sin embargo, habitualmente se suele asumir que el castigo fue un gran terremoto y una subsiguiente inundación que hizo desaparecer en el mar la isla donde se encontraba el reino o ciudad principal, "en un día y una noche terribles", según señala el Timeo.
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